lunes, 31 de marzo de 2014

UN DÍA CUALQUIERA

Ruido y ruina
sobrevuelan la cerrada noche del porvenir.

Cielo encapotado que devora luz.
Punto muerto sin muerte
en los venideros nichos de los que no tendrán esquela.

Rebosa el hambre en comedores desiguales
mientras conviven los chef
con el puchero grasiento de la caridad.

¿Cuántas vidas rotas quebraran el silencio?

He decido caminar junto a los árboles:
ellos tienen su espíritu pegado al corazón de la Tierra
y allí los pérfidos no pueden cultivar desesperanza.

2 comentarios:

  1. Efectivamente hay algo en la determinación natural que excluye la desesperanza y por contra algo fuerte en la libertad humana que incluye toda posible esperanza.
    La de los pérfidos incluida.

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