domingo, 17 de noviembre de 2013

CRONOS



Despertar por uno mismo sin luchar con la pereza,
es un placer que los años otorgan
cuando sólo quedan brasas de la furia juventud.

Una compensación de la vida que equilibra
frenéticos biorritmos en interminables noches.

Mientras duerme el bullicio y la desolación,
la liturgia de silencio se rompe por mirlos y aspersores
que anuncian que todo nace y muere.

Es el tiempo una sucesión de luz y oscuridad:
vertiginosa avalancha imparable que todo lo llena.

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