lunes, 21 de julio de 2014

MCMXCII

Enfurecidos los cuchillos,
apuntan directos a los trasteros de la memoria
donde se guardan los recuerdos que urge olvidar.

El vino se acabó;
solo nos queda el vinagre,
mientras los besos preparan la mudanza
coqueteando con la cinta de embalar.

Cajas, armarios vacíos donde el eco
se ha hecho fuerte y las perchas
me miran desafiantes.

No soporto este olor a naftalina
ni este arsenal de reproches.

Quizá algún día volvamos a encontrarnos,
pero por favor:
no te lleves los discos de Germán Coppini.

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