lunes, 28 de julio de 2014

TEJADOS

Subíamos ajenos al peligro y la melancolía
para tocar aquel cielo de antenas y de nubes.

Por las noches bailábamos con la luna de verano
inventando realidades que el suelo desconocía.

Desde tus alturas, veíamos
el mar inalcanzable solo con cerrar los ojos
y en el rumor de caracolas soñábamos con buques
y naufragios.

Hoy he vuelto a subir a lomos de tu cerámica,
con el miedo al vació que produce la tristeza.

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